Familias mexicanas se reencuentran en Texas tras 20 años separadas

Tras casi dos décadas separados, los nietos ven a los abuelos en persona

“Esa no es mi abuelita”, dice un niño de unos seis años con tímida voz mientras su madre, emocionada, le responde: “¿Acaso no es la misma de las fotos?”. El pequeño acaba de conocer a su abuela hoy en Austin (Texas) durante el reencuentro de 12 familias mexicanas separadas desde hace dos décadas.

El Consulado General de México en la capital texana, junto al estado mexicano de Morelos, albergó la tercera edición del programa “Corazón de Plata”, gracias al cual personas de la tercera edad, que residen en dicha región de país azteca, viajaron hasta Estados Unidos para abrazar de nuevo a sus parientes.

“Muchas veces leemos sobre la experiencia migratoria y parece que olvidamos que este es el enorme coste para quienes salen, cuando llevas veinte años sin ver a tus padres y además sabes que van cumpliendo una cierta edad, nace la urgencia”, explicó a Efe el cónsul general de México en Austin, Carlos González Gutiérrez.

El proyecto está destinado a personas mayores de 60 años residentes en Morelos, aunque el Gobierno mexicano dispone de iniciativas similares para otras regiones, donde los participantes obtienen un visado de turista durante diez años, con la condición de que no permanezcan más de seis meses en cada visita.

González valora positivamente la oportunidad para estas familias, y confía en que sus conciudadanos serán muy “cuidadosos” y respetarán los términos del acuerdo que, por otra parte, les permite moverse libremente durante la vigencia del mismo.

Actualmente se estima que en Estados Unidos viven unos 264,000 morelenses, la segunda concentración en el país de personas nacidas en un estado mexicano más importante, después de Cuernavaca, según datos de la Secretaría de Morelos.

Ataviado con su sombrero vaquero, Pedro Castañeda entró hoy en la sala con una sonrisa y saludó por primera vez en 15 años a su hijo Christian, que lucía una gorra beisbolera; una pequeña muestra del contraste cultural y generacional en el que ambos han desarrollado sus vidas.

“Son casos muy emocionantes que te parten el corazón”, expresó González al recordar que estas personas salieron de México, dejando atrás sus raíces por “necesidad” y con intenciones de prosperar en su vida.

Así pues, para él, es “emotivo” comprobar cómo estas comunidades se organizan en los países de acogida para que años después, con el apoyo de las instituciones, puedan reunirse de nuevo junto a sus seres queridos.

El cónsul detalló que esta situación no solo se da en una decena de familias, sino que es algo “muy generalizado”, puesto que miembros de la comunidad mexicana en el país llevan en muchas ocasiones de forma indocumentada más de diez años, por lo que no podrían volver a salir y entrar.

Este es el caso de Miriam, que llegó a Texas hace 18 años para buscar un futuro mejor y desde entonces no ha podido ver a su madre, que también tuvo problemas con el visado para visitar a su hija hasta esta ocasión.

“Estoy muy nerviosa, tengo muchas ganas de verla porque además es la primera vez que mis hijos -que nacieron ya en Estados Unidos- van a poder estar con su abuela”, narró, entre lágrimas, a Efe.

La mujer y su familia pasarán este tiempo “paseando y disfrutando sin separarse ni un instante”, agradecidos de que el muro burocrático que les impedía abrazarse por fin haya sido derribado.

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